Dime que no me quieres. Dimelo aunque sea una vez. Y si puedes repítemelo de vez en cuando para que deje de pensar en el nombre de nuestros hijos y vaya empezando a pensar en que no seré yo quien vea el color de tus ojos permanecer impasible , contrastado con tu rostro cada vez más marchito un año tras otro hasta que la muerte nos separe. Dímelo mientras sonríes y si puedes no te alteres, ríe a carcajadas para alejar mí el miedo a que todo esto sea el final de mi universo oculto a tu vista, creado, sin embargo, especialmente para tí. Ríe fuerte porque me creeré lo que sea que me digas y si acercando el filo de una navaja a mi cuello me susurras que esto es lo mejor no tendré ninguna duda de que es la verdad absoluta. No es piadoso acariciar a un animal atrapado en un cepo así que hazme el favor de distraerme con uno de tus fabulosos cuentos mientras con tu mano firme buscas algo para darme el tiro de gracia. Claro que podría haber destinos mejores, podría pensar en una vida llena de maravillas, de sol resplandeciente, de una yo distinta, felíz y despreocupada, con fuerzas de sobra para devolverte una enorme sonrisa sin importarme una mierda lo que harás con ella , porque sabría que no eres ni el último ni el primero. Pero mira por donde, mi vida tropieza una y otra vez contigo y no se mueve de este punto maldito. Asi que, si no te importa, sonríeme una vez más con esa gracia natural que solo tienen los canallas dispuestos a mirar a la muerte a los ojos sin inmutarse y acaba tu fatídica tarea con el mismo virtuosismo y despreocupación con que un día la empezastes. Cada día rezo a Odín , a Jah y a la santísima Virgen para que me hagan darme cuenta de que lo nuestro fue un error y no acierto a marcharme antes de oìrte pronunciar de nuevo su nombre, de la que no soy yo.

 

Nieve

Es tan terrible el abismo entre lo que creemos que podemos hacer y lo que hacemos que da la sensación de que nuestras fuerzas nos son arrebatadas por un organismo que nos devora.

A veces creo que daría media vida por ver lo que has visto, por haber estado detrás de tu hombro viendo tu mirada en ese momento, por saber que el camino recorrido en cada paso es una leyenda que ya jamás se borrará. La tensión, la altura y el vacío congelan el movimiento,  concentrando  en la mirada que me diriges por un momento el sentido de todo. Y flotando en el aire, diminutos y limpios cristales que nunca caen. Un episodio perfecto de lo que nunca existió ni existirá.

Sin embargo  aquí abajo,  en las calles, de pronto me encuentro respirando el humo de la ciudad, sintiendo todo el peso de mi cuerpo, midiendo las calles con pisadas atadas a la tierra, dando vueltas y vueltas sin encontrar nada.  La ciudad se ve desde este ángulo  como un enorme charco de lodo. En el aire flotan subiendo y bajando trozos increíblemente blancos de sustancia arrancada de enormes nubes evitando posarse en el suelo,  convirtiéndose finalmente  en la  más negra suciedad. Y la única sensación que tengo es que esta ciudad nos engullirá a todos, con nuestras grandes y pequeñas vidas, con nuestros destinos y nuestras tragicomedias personales antes de que podamos darnos cuenta de ello  si quiera, antes de que acabemos de soñar con cómo  debería ser nuestra existencia. La ciudad se alimenta de nuestros sueños.  Cuanto más negro es el barro, cuanto más frío el aire y denso el humo, más fuerte el estruendo y largo el día, más intensamente cierro los ojos. Y tú  estás en algún otro lado buscando recuperar el tiempo perdido, ese mismo que  vendrá a buscarnos cuando ya no estemos y se llevará a otros. Nunca existiremos porque nunca hemos existido.  Si  el sueño de la realidad es lo único que queda, si resulta que nos hemos perdido todos en un laberinto de espejos y vivimos el tiempo  que dura una pesadilla, quizás debamos abandonar la idea de despertar. Puede que, de hecho, ni si quiera  hayamos nacido para despertar, que esa sea otra ilusión de nuestra mente cansada de no comprender nada. Quizás el destino de algunos morir en el fango. El de otros será flotar por encima de él.   Y posiblemente cada cual deba aceptar lo que la vida le depara.

Así que poco a poco abro los ojos y trato de aceptar que todo esto no es un sueño, haciéndome a la idea  de que quizás los seres que hay a mi alrededor no van a asesinarme, que no me voy a ahogar en la marea, de que toda esta inmensidad por alguna razón no ha acabado con todos nosotros ni va a hacerlo  porque nos ha dado la vida  y que la diferencia entre los copos de nieve y el fango solo es una cuestión de perspectiva.

pequeña Algo en el Abismo

Lo suficientemente cerca para poder sentir. Lo bastante lejos para percibir el entramado de la armonía.  Allí en el punto exacto entre el la lógica perfecta y el absurdo absoluto  de puntillas y balanceándose sobre un pequeño saliente  del peñasco de la cordura, pálida, exhausta y abandonada en la felicidad del éxtasis jugaba la pequeña Algo con los cabellos del viento del abismo.

Le dijeron que se había salvado de milagro, pero realmente nadie, aparte de ella sabía cómo consiguió esquivar las dentelladas de la Desesperación. Es verdad que la había arañado y ahora, estaba intoxicada, lloraba de alegría con el alma vacía por haber esquivado una vez más a la bestia. Pero sabía que un día la alcanzaría. Tal era su cometido en el abismo. Pero ahora no, aún era fuerte y joven.

Cierto es que algunos decían que la bestia de la Desesperación no era más que una leyenda, que ella misma se arañaba la piel en arrebatos de locura y soledad pero eso poco le importaba.

Sin saberlo, la bestia de la Desesperación era su mejor, su única amiga, pero también era su enemiga. Era su reflejo, el que surgía cuando ella osaba asomarse más allá del peñasco de la cordura. Salía entonces de la nada rugiendo y la pequeña Algo reía a carcajadas y gritaba estremeciéndose de emoción. Eran los únicos momentos en los que podía verse a sí misma, magnificada y salvaje, viva de veras en su más terrible esencia.

Es cierto que no ocurría a menudo. Para que la Desesperación apareciera se la debia  esperar nueve días en silencio y luego, convertiendose  en ruido blanco,  asomarse al abismo.  Si no la llamabas correctamente podía arrebatarte todas las fuerzas y aunque nunca te mataba,  tardabas un tiempo incalculable en recuperarte, a veces días, otras años, a veces nunca.  Se trataba de un ser peligroso que te otorgaba un gran conocimiento pero podías agotar tu vida antes de conseguirlo si su mordedura te infectaba la sangre.

Imagen

El invierno ha llegado aquí,  el frío, la  nieve. La gente se mete en sus casas y no sale.  Empiezan a recordar lo que querían hacer. Algunos sueñan  con construir maquetas gigantes de tanques y vivir en el campo, otros con dejarlo todo un día y marcharse a la india a curar  monos.  Las historias verdaderas suelen ser mucho más increíbles que las imaginarias. Igual que cuando a  veces ves un paisaje  y piensas que si lo pintas ya no será  tan increíble .

Como todo el mundo hago algunas cosas, egoístamente, porque me reconfortan. No sé para qué sirven, solo sé que con ellas me siento bien. Solo verlas surgir, esas extrañas ideas realizadas materialmente o progresando, es como  cuando de pequeño  jugabas a construir una torre de cubos de colores y te fascinaba que no se cayera.  Da igual para qué.

Proyectos, concursos…es crear más absurdo pretendiendo que no lo es. ¿De verdad hay alguien que se cree que hace algo importante, aparte de estar jugando?

Cuando una ciudad te acaricia no es tu ciudad. Cuando te muestra su brillo, su encanto, aún no es tuya. La ciudad es tuya cuando te ha mordido y te ha hecho sangre y cuando la has arañadu tú también. Cuando te ha lavado las heridas con lluvia helada y ha guardado silencio.

Cuando la has odiado y has tenido que cerrar los ojos para no verla. Cuando sin comprenderla no has podido hacer otra cosa que aguantar la respiración , entonces la ciudad te ha convertido en hombre. Cuando días despues de los silencios, cuando creías que ya nada tenía solución ha soplado un viento cálido  ella te habrá convertido en mujer.

Hay cosas que solo se vuelven hermosas cuando las hieres. Solo entonces muestran su verdaderas cualidades, ya sea en el pesar o en la furia, la fuerza o la debilidad.

Hasta que sean capaces de sentir más y decir lo que sienten.

Solo entonces se habrán ganado el derechos a ser amadas y a amar.

Cielo gris

Menos palabras, cada día menos imágenes, como alguien que reniega de su fe y decide quemar los iconos de su devoción, uno cada día, nada radical sino un caminar pausado hacia el blanco infinito del horizonte. Cada día más soledad, cada día las palabras que oyes suenan más extrañas, menos familiares. Y solo el gris del cielo tiene sentido porque está lleno de masa suspendida que significa solo eso, agua, nada de palabras. Y el azul transparente de su mirada repentina que tampoco contiene nada más que lo inexplicable e inmenso, un universo que golpea con todos sus significados una y otra vez y hace que se borre todo en la mente.

Autorreferencialidad: escribir en tu blog, escrito para ti misma, para más tarde leerlo y comentarlo con tu propia persona.

Un día alguien me definió con la palabra hastío.

 

Cuando en tu hi…

Cuando en tu histérica alegría que a veces temo interrumpir con mi hastío de pronto se trasluce una nota de rabia apenas perceptible temo que nada cambie jamás. Siempre seré el signo – mientras tú siempre serás el signo +.  Yo siempre tenderé a la desaparición, la evasión y el silencio mientras que tú siempre serás violencia, grito y firmeza. Las demás circunstancias solo son patologías coincidentes.

Nunca compartas…

Nunca compartas algo sagrado con quien sabes que puede mancillarlo.

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