Cuando una ciudad te acaricia no es tu ciudad. Cuando te muestra su brillo, su encanto, aún no es tuya. La ciudad es tuya cuando te ha mordido y te ha hecho sangre y cuando la has arañadu tú también. Cuando te ha lavado las heridas con lluvia helada y ha guardado silencio.

Cuando la has odiado y has tenido que cerrar los ojos para no verla. Cuando sin comprenderla no has podido hacer otra cosa que aguantar la respiración , entonces la ciudad te ha convertido en hombre. Cuando días despues de los silencios, cuando creías que ya nada tenía solución ha soplado un viento cálido  ella te habrá convertido en mujer.

Hay cosas que solo se vuelven hermosas cuando las hieres. Solo entonces muestran su verdaderas cualidades, ya sea en el pesar o en la furia, la fuerza o la debilidad.

Hasta que sean capaces de sentir más y decir lo que sienten.

Solo entonces se habrán ganado el derechos a ser amadas y a amar.

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